EL MEJOR DE LOS MUNDOS POSIBLES

 

 

                Más allá del afán capitalista que mueve el mundo, de las posturas postmodernas que hablan de fin y no de nuevos comienzos, más allá de las vanguardias que desrealizan el mundo, hay ocasiones en las que aún sin parecer la intención de sus creadores, podemos encontrar un poema, un proyecto, un sueño… una utopía.

                En este caso me refiero con “el mejor de los mundos posibles” a una revisión profunda de dos anuncios que han aparecido en los últimos tiempos, y que al margen del corporativismo que puedan llegar a encerrar en la intención de los anunciantes, es posible ver en ellos otra cosa, lo que quiera que sea que andamos buscando plasmado por los creativos de un modo distinto, podemos ver  UN PROYECTO, UN NUEVO MUNDO.

                Me apetece, como ya hicimos en clase el año pasado, desmenuzar la infinidad de metáforas y referencias que ambos anuncios tienen, para que no sea un sueño de unos pocos, sino para que como educador, pueda seguir soñando con contagiaros de dulces sueños.

                Parece como si REPSOL y ENDESA se hubiesen puesto de acuerdo para firmar un manifiesto en dos capítulos: “Inventemos el futuro” y “Para los hijos de nuestros hijos”, ordenados de este modo porque en mi opinión, el primero nos hace ver que el hombre ha sido capaz de inventar y pensar cosas maravillosas, y lanza un reto, tenemos que reinventar lo que es útil e inventar nuevos mundos; este es el testigo que se recoge en el segundo anuncio, bien, inventemos, pero ¿Qué queremos inventar?¿Cómo?¿Para quién?… vamos a ello.

REPSOL: INVENTEMOS EL FUTURO

“Inventamos la rueda, descubrimos el fuego, llegamos a la luna, hicimos el pan y la sal…” dos de los mayores inventos o descubrimientos de la historia de la humanidad, la rueda y el fuego, origen de las primeras revoluciones, recogidas, sobre todo el fuego, en innumerables mitos que nos hablan de la capacidad del hombre para sobreponerse a las dificultades del mundo, las inclemencias de la naturaleza… porque al fin y al cabo, el ser humano necesita del calor (al fin y al cabo una casa sin el calor nunca será un hogar, o como dice el maestro Sabina: “porque una casa sin ti es una embajada”. Una embajada es una casa que puede ser de cualquiera, pero que no es hogar para nadie) para ser humano; o el pan y la sal, símbolo de la hospitalidad desde la antigüedad, recogido en la Biblia como señal de alianza, de fraternidad.

 Inventamos los coches, las motos, los ceros y los unos, los abrazos y el abecedario… me llama la atención sobre todo “los ceros y los unos” y “el abecedario”, el lenguaje, no como capacidad para hablar, sino como posibilidad infinita de comunicarnos, como condición de posibilidad para el diálogo, para la invención, porque el hombre inventa en palabras (sea en el lenguaje que sea, incluso el más complejo de los lenguajes informáticos que hacen de los 1 y los 0, el lenguaje binario, el idioma del mundo actual) y que la ciencia convierte en hechos, porque Julio Verne es a Isaac Peral, lo que el abecedario es a la ciencia; y los abrazos, por supuesto. Vivimos en un mundo en que los abrazos han perdido valor, un mundo en el que lo primero que hacemos al ser obsequiados con un abrazo por un desconocido es desconfiar, tener miedo de ser robados, manchados o fruto de alguna “broma pesada”… y sin embargo, los abrazos, son la expresión de la ternura desinteresada, que da tanto como recibe, que al contrario que los besos no necesita de palabras para ser entendido, para ser aceptado. Porque en el desconsuelo de la pérdida de un ser querido solo entendemos los abrazos… por eso os dejo aquí este video del fenómeno Free Hugs (Abrazos gratis) como ejemplo de ese mundo incomprensible.

Inventamos los barcos, el calor en invierno, la imprenta, la ciencia… y la ficción. Inventamos Internet, la radio, el teléfono, las vacunas y la Novena. Y además de inventar las primeras vías de comunicación y los medios para ello, lo que a su vez ayudó al desarrollo del pensamiento racional y a la necesidad de búsqueda de respuestas… cogimos nuestros barcos y fuimos en busca de conocimiento, así como Platón y otros tantos en su momento… y fuimos capaces de inventar la imprenta, y entonces conseguimos que todo ese  conocimiento que otros antes que nosotros habían conquistado como herencia, fuese aun más libre que antes, y de ese modo, consiguiese llegar sin reformas interesadas a todos aquellos que se quisieron acercar; y así hasta Internet, la radio y el teléfono, gracias a los cuales difundimos lo que somos, lo que fuimos y lo que queremos ser. Gracias a los cuales pudimos hacer de los dogmas una oportunidad para el diálogo. Porque antes y después de la ciencia siempre está la ficción, como excusa, como reto, porque al igual que los la filosofía necesitó de los mitos, así necesita la ciencia de la ficción, porque antes que en ningún laboratorio, estuvo en la imaginación de algún loco soñador; y por supuesto, la Novena, en la que Beethoven consiguió des-cifrar las emociones en un pentagrama, de modo que las matemáticas del alma se forjaron en un Logos armonioso de modo que la alegría y la libertad encontraron su propio himno.

Hicimos imperios y revoluciones. Inventamos Manhattan, Macondo. Fuimos capaces de levantar grandes imperios que del mismo modo perecieron bajo grandes revoluciones que lejos de generar nuevos horizontes de libertad acabaron por imponer nuevos imperios a la espera de tantas otras revoluciones, al modo que Hegel entendía la historia, al modo dialéctico; “En la fatua Nueva York da más sombra que los limoneros la Estatua de la Libertad” (J. Sabina, de nuevo y a la espera de más), la capital del mundo deshumanizado, la ciudad de las sombras, donde los rascacielos no dejan pasar la luz, la vida…

Calles y sueños
La aurora

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

Federico García Lorca – Poeta en Nueva York; porque al final la capital del mundo se convierte en Macondo, el lugar donde no hay que volver, el lugar donde García Márquez cuenta el vacio de la soledad eterna que ni cien años pasan sin dejar de SER. “En Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver” (Es difícil no volver a Sabina), porque no son los lugares los que nos han dado la felicidad, sino lo que allí encontramos, en el momento en que lo hicimos, y tal y como éramos, por eso la clave es no volver a los sitios con la intención de ser felices del mismo modo, sino buscando serlo de un modo nuevo que honre la memoria de lo que allí viviste.

Inventamos el fútbol y a Madame Butterfly. Pintamos a la maja vestida y desnuda. Hicimos  catedrales, pirámides, aviones. Inventamos el rock, la penicilina, los telegramas, Dulcinea, el poker y el mus, los jardines de Babilonia y hasta a Peter Pan.   Podríamos seguir buscando y encontrando referencias constantes de cada una de las metáforas que aparecen en el anuncio, y cada uno de nosotr@s encontraría nuevas explicaciones, las propias, lo que sí es cierto es que en el mejor de los mundos posibles ninguna de estos inventos podría faltar, ninguno podría no ser… ¿Cómo pensar un mundo sin Dulcinea? ¿O sin Peter Pan? No cabe pensar un mundo en el que no perdamos la cabeza por amor, un mundo en el que un Hidalgo Caballero no encuentre batallas que ganar o gigantes contra los que luchar solo por el mero hecho de que no existan… un mundo en el que las cosas no puedan Ser, solo por el mero hecho de no Existir; y por último, Peter Pan, el niño que se negaba a crecer, el niño que sabía que para que eso fuese posible necesitaba tres cosas: El País de Nunca Jamás, los niños perdidos y la magia, o lo que es lo mismo, Campanilla. Pero el problema viene cuando descubres que el mundo no es estático, sino cambiante, y que incluso los niños perdidos acaban por encontrar su camino, y sobre todo, cuando aparece el amor, cuando Wendy se cansa de esperar a Peter y decide crecer, porque al final, todos tenemos que crecer. Solo necesitamos un buen motivo para hacerlo: Dulcinea, Wendy, el amor…

¿Y los aviones? ¿Por qué los aviones? Solo porque son un icono de los viajes, y el anuncio está plagado de referencias a medios de transporte, medios para viajar… porque quien no viaja no solo se pierde todo lo que no tiene allí donde está, sino que acaba por creer que no lo necesita, que ya tiene lo mejor… quien no viaja no sale de sí mismo, no se somete a crítica, no entiende la dialéctica de Hegel, cree que ya tiene todo lo que necesita, porque como dice Neruda, “Muere lentamente quien no viaja…”

Si hemos sido capaces de todo eso…

 ENDESA: A LOS HIJOS DE NUESTROS HIJOS

Si el anuncio de Repsol es la revisión de lo mejor que hemos sido capaces de inventar, el anuncio de Endesa es el nuevo proyecto, capaz de integrar lo mejor que ya hemos conseguido y reinventar todo aquello que se ha ido pervirtiendo por el camino.

¿Y por qué? Porque el anuncio empieza con la intención de los niños de ser padres, de tener hijos, y ese, ese es el proyecto más importante que jamás ningún ser humano se pueda plantear en su vida, porque todos querríamos criar a nuestros hijos en un mundo mejor que el que tenemos, porque ese no es, o no debería ser, un hecho que nos sobreviene sino un proyecto cerrado y previsto, un proyecto para el que deberíamos estar preparados. “Margarita y Pepe…” es algo que está más que pensado, dos, niño y niña, la parejita con sus respectivos nombres, y en ese orden y no otro… pero más importante aun que nuestro plan de vida, es el que trazamos para ellos, o el lugar en el que lo desarrollarán, el mundo que les dejaremos en herencia.

“Es tiempo de sentarnos a hablar…”, porque un mundo nuevo no puede ser fruto de la imposición violenta, de la fuerza, de la ruptura… sino del dialogo universal, del acuerdo, del acercamiento… del resultado que supone escuchar a aquellos que hasta ahora han sido silenciados, del resultado de la esperanza en un proyecto común y no del “con-vencimiento”, de someter las utopías a la retórica; “y sin exagerar, que cualquier tiempo pasado nos parece mejor…”, decía Sócrates algo así como que el problema de los jóvenes de su tiempo era que no tenían respeto por sus mayores y maestros, ¿Qué diría hoy? Ese es uno de los grandes problemas, la memoria dulcifica los recuerdos, y hace desaparecer aquellos que no encajan en lo que nos gustaría recordar: “nosotros no éramos así…” o “en mis tiempos”, “los niños de ahora…” Los niños de ahora son los nuestros, y los que nos deberían preocupar, el mundo en el que viven es distinto, nosotros somos distintos de los profesores y padres que nosotros tuvimos, ellos son distintos que nosotros.

Farolas y besos, elementos esenciales que deberían adornan un primer beso, o por lo menos tal y como los padres querríamos que nuestros hijos recordasen su primer beso, o mejor aún, que cada beso que diese en su vida, que cada beso que recibiese en su vida, fuese digno de ser recordado como el primero, porque eso significaría que es distinto a todos los demás, que tiene un hueco propio en el cajón de la memoria. Todos los padres quieren que sus hij@s vivan el amor de un modo especial, mejor si cabe que el mejor de los amores que sus padres experimentaron. No se trata sólo de un beso, de un simple beso, sino del siguiente de los inagotables primeros besos que recibirá en su vida; es curioso, la vida está llena de muchas primeras veces, tantas que no podemos recordarlas todas, y solemos quedarnos con aquellas que con uso de razón decidimos por nosotros mismos, y sin embargo, las verdaderas y realmente primeras veces que ocurren en nuestra vida, no las recordamos, son guardadas en la memoria de nuestros padres, y son tan sus primeras veces como nuestras: el primer llanto, la primera caricia, el primer abrazo, los primeros pasos o la primera palabra… que los hijos de nuestros hijos no pierdan jamás el recuerdo de esas “primeras primera vez” que sus hijos les darán, que no los pierdan.

“Quiero decirle que si a todo…” este me parece el principal deseo que como futuros padres plantea el anuncio pensando en ese mundo mejor. Y no como reacción sin argumentos en mitad de una discusión o como promesa de venganza que como adolescentes nos hacemos delante de nuestros padres cuando oímos un NO por respuesta, sino como la tranquilidad que otorga saber que viviremos en un mundo sin peligros, en un mundo en que no tendremos miedo de dejar que nuestros hijos monten en elefante, en el que jamás diremos que no a las ansias de explorar el universo que como niños esconden, aunque fuese necesario esperar postales desde Saturno para quedarnos tranquilos… ¿cómo sería ese mundo? Es difícil de imaginar un mundo así, uno que fuese para todos, uno que venciese los anhelos de cada uno, un mundo así sería como estar en el cielo, en el propio de cada uno…

“Y que no vaya al colegio, sino que el colegio vaya a él…” porque el conocimiento nos hace libres, porque conocer nos hace mejores… la historia de la filosofía está plagada de teorías que nos muestran que el mejor camino para ese mundo está en la educación, en el conocimiento… el intelectualismo moral socrático, la teoría de las ideas del propio Platón, la Ilustración… ningún niño debería jamás perder el derecho a la educación, ojalá en ese mundo que proponen a los niños que no puedan ir al colegio puedan llevarles el colegio allí donde se encuentren.

“Vamos a tener que reinventarlo todo, los coches, los ordenadores, los actos de fin de curso… y sobre todo, la energía que mueve el mundo. Volver a convertir las chisteras en conejos y las empresas en desafíos… ” se trata de reinventar en la mayoría de los casos, de volver al anuncio de Repsol, ver qué cosas son válidas y que cosas no, y de esas cuáles podrían ser sometidas a un proceso de reinvención, cuantas podrían seguir sirviendo si las despojásemos de todo lo nocivo que hemos ido sumándole con el paso del tiempo… se trata de volver a convertir las chisteras en conejos, de volver a creer en las hadas, en la magia… porque para conseguir ese mundo mejor necesitamos de la ilusión de un niño que se asombra frente a lo desconocido, no de la autosuficiencia de los adultos que siempre conocen todas las respuestas, que siempre saben cómo se hace un truco… que jamás reconocen la magia cuando la tienen ante sí. Hay que recuperar a Peter Pan.

“No va a ser fácil, pero, ¿Acaso hay algo más apasionante que cambiar el mundo? Mamá, papá, quiero tener un hijo, y lo mejor es que el también querrá tener el suyo.” El mejor de los mundos posibles es aquel en el que todos querríamos tener un hijo, aquel en el que todos los nacidos no pensarían en cambiar nada, porque todo estaría bien tal y cómo lo recibieron de sus padres.

Anuncios
  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: